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Visita del Gobernador Civil a Fet (II)

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Autor: Josep Miquel Bonet Santacreu

En la anterior entrada hablamos de la visita del gobernador civil de Huesca a Fet en el mes de noviembre de 1950. Con el séquito de esta autoridad iba un periodista del periódico provincial Nueva España. Este hizo una crónica de la visita en el diario del día 30 de noviembre de 1950.

Periódico de Huesca Nueva España

Dado el hecho extraordinario de la visita a nuestra población, y que esta saliera a un artículo de un periódico provincial, haremos la transcripción literal del mismo, debido a que la visibilidad en el original no es demasiado buena.

Titular del artículo escrito en la página 4 del periódico Nueva España de 30 de noviembre de 1950

El artículo transcrito es el siguiente:

Fet, del Condado de la Ribagorza, recibe por primera vez la visita de un gobernador civil

Pocas cosas materiales son capaces de mover a los hombres a sacrificios físicos. La carne es flaca y el más o menos espíritu burgués que uno lleva dentro se rebela frecuentemente al deseo caritativo y humano de escuchar la llamada del hermano que habita, en tierras inhóspitas, por agrestes o lejanas, y espera desde que nace y muere sin conseguirlo generalmente, la visita del príncipe, de quien es vasallo y a quien tiene necesidad y deseo de conocer, no para pedirle nada, que tanto saben que no es fácil cosechar prebendas cuando la tierra en que nacieron no da para ofrendas! Y así, en esta espera interminable vivían los hombres de la serranía ribagorzana donde ni aún los pinos, por ser todo pobre, se hacen gallardos.

En punto desconocido seguramente para ustedes, lectores de la capital, allá en el Condado de Ribagorza del partido de Benabarre, se encuentra, entre otras de las mismas características, la aldea de Fet, sin más comunicación con la civilización que un camino que en trabajosas jornadas y largos años ha construido la  voluntad de sus habitantes en el deseo de acercarse a la capital de su provincia. Pero este camino, señores, no cubre todo el recorrido ni abarca las necesidades completas. Lo han construido los moradores de aquellos pueblos serranos para superar mejor once quilómetros que los separa del valle de Penavera. Una vez arriba ya no hay nada que se parezca a camino, y si ustedes me apuran diré que ni a senda. El caminante tendrá que recorrer en penosa andadura unos cuantos quilómetros (o varias leguas en lenguaje nativo) pisando guijarros puntiagudos o raíces de sabinas hasta llegar al caserío de 275 habitantes (incluidos los de los caseríos próximos) que es el pueblo de Fet. No hay que decir, pues ya lo hemos dejado traslucir al empezar, que estas piedras (pues ello y no otra cosa es el suelo que me complazco a relatar) no fueron hollados nunca por persona civil alguna con responsabilidad y mando provincial o de partido. Y es aquí, en este mismo pueblo donde el gobernador civil de la provincia y jefe del Movimiento de Huesca, !vestido de uniforme riguroso, incluso en el calzado¡ estuvo el pasado lunes: lunes que sin duda alguna será marcado con piedrecita blanca en los anales del poblado de Fet. Cuatro horas a pie y una un camión (único vehículo que puede salvar por su altura de montaje los accidentes que alfombran el camino), todo ello después de vadear un río son precisas y necesitó nuestra primera autoridad para llegar al poblado de referencia.

Tres días de fiesta han acordado celebrar los habitantes de Fet para festejar tamaño acontecimiento. Es obvio explicar lo que para estas gentes sencillas y montaraces, suponía esta visita ni, por otra parte, sabremos hacerlo. Vestido de domingo, con traje de boda, hasta zapatos de charol en algunos casos, de aguda punta (Dios sabe de cuándo) pudimos observar en su indumentaria. El vecindario todo y otros humanos que se les habían unido recorriendo !quién sabe los quilómetros¡ se hallaban a la entrada del pueblo. Antes en la cumbre ya habían saludado a su excelencia los componentes de un comité de recepción compuesto por autoridades de varias aldeas y el alcalde de Fet. El Himno del Movimiento aprendido posiblemente de labios de alguna maestra y dicho con las notas musicales más dispares, tenía en aquellos momentos y frente al majestuoso desfiladero caracteres épicos de verdadero himno triunfal. Ancianos, jóvenes y niños que portaban banderitas de colores nacionales entonaban todas las estrofas y todos vitoreaban después al gobernador pugnando por acercarse a él que, por otra parte, se mezclaba con ellos entre el asombro, la admiración de los indígenas y de nosotros mismos que observábamos emocionados el estupor que reflejaban los ojos atónitos de los serranos.

Desde el arco triunfal construido con carrasca y sabina manteniendo el rótulo de bienvenida artísticamente adornado con flores de cajicos, hasta la colcha de seda (de aquellas de antes, de mucho antes) luciendo bien marcados y seguramente imborrables ya, los pliegues que el peso de otras ropas han marcado indelebles al paso de los años, hasta las matas de romero y colgallos de membrillos, aúreos y olorosos (que todo adorna cuando para adorno se usa) exhibieron los pobladores en honor y obsequio de la visita egregia. Y por no faltar nada al sabor montañés y tradicional, o quizá por no haber suficientemente espacio grande cubierto, o tal vez por quererlo así su alcalde quien gobierna en todo, acercándose  uno a uno por cada vecino, la reunión oficial, los discursos y las pláticas, se celebraron según usos tradicionales en torno y bajo la cruz de piedra que, sita en la prominencia máxima del pueblo, señala la de siglos que aquel lugar es católico. Allí, pues, en reunión bucólica se celebran Concejo, se juntan los hombres de los próximos lugares y posiblemente se prometen los futuros matrimonios: allí, decimos, oyeron de labios del gobernador su deseo de apoyarles en cuantas demandas presentaran, de necesidades que sintieran, o de afanes no satisfechos.

Allí -¡al amparo de la Cruz tenía que ser¡-  presenció este periodista lo más grande, lo único que muchos años haya percibido. Y es señores, que el alcalde Joaquin Bonet, en representación y vocero de todos y por consejo de cada uno de sus convecinos, en verbo claro y sin vacilaciones expresó al camarada Gil Sastre su contento por la ilustre visita. “Con esto excelencia, nos damos por bien pagados de nuestros sufrimientos de años. Somos de Franco, porque así lo acordamos todos los vecinos”.

En este pueblo, según observamos, como en Fuenteovejuna, todo lo que hace uno es del pueblo todo, lo mismo en la felicidad que en la desgracia. No hay riñas, ni envidias, ni nada que se parezca a humanas pasiones. 

Pero claro está, como jefe provincial del Movimiento, no hace los viajes, ni su tiempo lo permite, solamente para saludar a sus mandados, aunque esto para él sea un placer, les fue apuntando algunos deficiencias que él corregirá y les ofreció algunas cosas que precisan indudablemente para vivir como hermanos nuestros.

Los vivas y aclamaciones que escuchó nuestro jefe no son para describirlos. Y eran proclamados por chicos y grandes. Y eran proclamados por chicos y grandes, con vigor, sin esa voz temblona y vergonzante que, con frecuencia hemos observado en alguna ocasión.

Pueblo envidiable es éste que vive en perfecta hermandad y amor de Dios al punto que todo lo hace en comunidad, hasta la comida que nos ofrecieron para la cual, cada vecino aportó lo mejor que tenia y su hospitalidad y aristocracia no permitió que el gobernador volviera a Huesca sin un modesto presente que a tal fin, los mozos del lugar habían salido ya al monte a primeras horas de la mañana, para cazar un jabalí que ofrendaron a Gil Sastre como obsequio del pueblo i recuerdo de su visita.

Un poco más cómoda fue la vuelta. Y gracias a Dios (decimos nosotros) porque los que no hemos nacido con vocación alpinista, ni cazador siquiera, estas expansiones nos sientan como un sinapismo. Aun con ello y todo de haber hecho el regreso a lomos de mulas tenemos agujetas hasta en las pantorrillas. Y en verdad que es que la profesión llevada a las serranías no es manjar que apetezca ni sirva de regocijo y si servicio y sacrificios grandes, y que nos perdonen los vecinos de Fet esta sincera confesión de periodista, en atención a la envidia que en estos momentos profesamos a los que con nosotros vinieron y no sintieron fatiga ni padecieron dolores físicos, y si los padecieron pudieron sobreponerse por el placer de servir a España, por lo que recibieron el regalo de la veneración de unos comprovincianos tal cultos como sociables, tan olvidados como patriotas, tan pobres como cristianos, herederos al fin de los vasallos que fueron y defendieron en última instancia la dinastía católica de los Austrias.

Apuntes y comentarios del artículo

Con la lectura de este escrito no hay que hacer muchas observaciones de cómo veían Fet desde la óptica capitalina de Huesca. Trasladándonos a la época, se trata de una crónica de ensalzamiento descarado de la figura del Gobernador Civil Ernesto Gil Sastre, pero también hace algunos apuntes de la mísera situación de vías de comunicación del pueblo.

Cabe destacar que hay algunos apartados que hacen referencia a la buena vecindad entre la gente del pueblo ( «No hay riñas, ni envidias ni nada que se parezca a las humanas pasiones, …«).

También habla de que el Gobernador ofreció algunas cosas, pero no las detalla.

Sabemos por nuestros informadores que en el pueblo se compró el periódico y se leyó punto por punto para ver que decía. Los lectores, ya desengañados por las escasas promesas de la autoridad provincial, se enojaron aún más al leer algunos párrafos de la crónica periodística, especialmente un apartado que hacía referencia a la forma de vestir y de los zapatos que llevaba la gente del pueblo:

Es obvio explicar lo que para estas gentes sencillas y montaraces, suponía esta visita ni, por otra parte, sabremos hacerlo. Vestido de domingo, con traje de boda, hasta zapatos de charol en algunos casos, de aguda punta (Dios sabe de cuándo) pudimos observar en su indumentaria.”

El comentario sobre la indumentaria pasada de moda supo muy mal a la gente, dado que la población era muy pobre y no tenía medios económicos para seguir los senderos de les últimas tendencias en la forma de vestir.

A pesar de ello, el ayuntamiento de Fet decidió guardar las formas y envió una carta de agradecimiento al señor Ernesto Gil Sastre por su visita. En el diario Nueva España de 27 de diciembre de 1950 se publicaba un artículo titulado:

El domingo se celebró en el Gobierno Civil el acto de rifa y adjudicación de dos viviendas a familias humildes. Nuestra primera autoridad pronunció un discurso, resaltando la colaboración que ha recibido para esta benéfica causa.”

En referencia a ese discurso pone lo siguiente:

“… Después de unas frases de encendido fervor católico y de sumisión a la Iglesia, nuestro gobernador aludió a las visitas a los pueblos de la provincia a su mando, donde ha encontrado ejemplo hermoso de patriotismo, de espíritu de sacrificio, de unidad y de hermandad, y dijo que como una prueba de ello quería que  se escuchase la lectura de una carta que había recibido del alcalde de Fet, dando las gracias al gobernador por su visita, y a la que se dio lectura seguidamente. …”


Fuentes de información

Este artículo se basa en las informaciones transmitidas oralmente por los informadores del pueblo que se relacionaron en la primera parte, y en la hemeroteca del Diario del Alto Aragón.

NOTA: Para cualquier duda, aclaración o rectificación de lo escrito en este blog, pueden ponerse en contacto con el administrador en alguno de los siguientes correos: blogdefetenespanol@gmail.com o blogdefet@gmail.com

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